La madre de mi vástago debía ser toda una dama.
Comenzaríamos con apreciación musical, urbanidad y buenas costumbres, también algo de conocimientos generales
Saqué de la discoteca las obras completas para piano de Debussy.
Elegí comenzar con los arabescos.
Bajé de la biblioteca los manuales de Urbanidad y buenas costumbres de Carreño (Madrid 1922) y de Martínez Ureña (Lima 1960)
Finalmente y para ser ordenados aparté el primer tomo de la Enciclopedia Británica (1911). Allí en el reino de las aes habría seguramente mucho para compartir.
Mandé traer también un mandarincello y dos copas a fin de establecer de entrada un clima de sana relajación.
Apenas me hube sentado al escritorio Noelí hizo su impactante entrada.
Jamás imaginé tantas curvas en un ser humano.
El uniforme le quedaba un tanto más largo que a la modelo de la imagen, mas no menos ceñido.
Tres ágiles saltitos que casi me hacen desmayar eliminaron nuestra distancia.
Sin decir agua va se sentó a mi lado, puso mi mano sobre su pecho derecho
Y dijo:
- Bueno viejito, qué querés hacer?
Yo tartamudeando, ya que ella mantenía mi mano aprisionando su pétalo turgente, más o menos le expliqué la idea.
-No veterano, si querés revolcarte conmigo es una cosa. Quedar empeñada es otra. Ni loca me voy a estropear la vida con un guacho.
De paso; por qué no sacás esta música de momias?
Ya te digo: le doy de comer a esos bichos, les cambio el agua, lo que quieras. Después si te gusta me pongo este coso y vengo para acá. Vos elegís: la cama, el jacuzzi o la piel de oso.
Eso sí. Condón. No quiero complicaciones ni pudriciones.
- Pero Noelí. Tu no eres para mí tan sólo un magnífico ejemplar de carne humana. Te veo como la futura madre de mi descendencia
.No es la lujuria la que me acerca a ti. Es el palpitar cálido y leve de mi alma que se produce al verte, escucharte, tocarte.
- Mirá, no me jodas. No voy a seguir escuchando divagues de un viejo choto. Yo ya dije lo mío, si querés bien, le damos pero olvidate de hijos, historia y modales. Ahora, si querés fama buscate a otra gila, que yo ya tengo quien me atienda.
Y diciendo esto se fue.
- Y el uniforme me lo quedo!!, me gritó desde la puerta
"... Ahi se va alzando, como un pesado pingajo, atrapada por la pata por un gancho que le salta arriba, que la alza por un ojal abierto en el garrón de un cuchillazo en plena estupidez sentimental, en plena media tonelada de monstruoso dolor, incomprensible, absurdo, balando, plañidera y tonta, como un escarabajo que no piensa, mientras medita lentamente por qué duele tanto y por qué duele qué parte de quien que es ella misma, la res, abierta al descuartizamiento atroz por todas partes, que nunca habian dolido y que eran tantas partes, tan extensas. . . Y que pastando nunca habia dolido... "*














