domingo, septiembre 13, 2009

Dos pichis (Andante Nostalgioso)

La mañana estaba fría y, parecía que en el húmedo apartamento interior, el frío apretaba algo más.

El perro estaba echado al lado del primus, tratando de aprovechar algo del calor que despedía el ladrillo cuando la Sra. Bittencourt salió del baño.

- “¿Cómo amaneciste Batuque,? ¿te gusta el calorcito?. Mirá que lo voy a apagar, nos queda poco queroseno, está racionado, y hoy no voy a poder ir a buscar. Además no puedo traer más de cinco litros por vez, no me da la fuerza. A veces hay que estar media mañana chupando frío en la puerta del supermercado hasta que lo empiezan a repartir. No, ya no estoy para esos trotes.

Bueno, vamos a ver si hay algo de carne para vos, menos mal que Don Tito fue ayer hasta una carnicería en el puente Carrasco, y me compró un poco, sino no teníamos nada par

a comer. Racionan el combustible, veda de carne, este país ya no es lo que era antes”

El perro levantó la cabeza y la miró, alentado por la posibilidad de comer algo.

- “Nada, no queda nada, ¿se la habrán comido las cucarachas?, vamos a tener que salir a buscar algo, voy a traer la correa”

Al sentir esta última palabra, un escalofrío recorrió la espina dorsal del perro; ya sabía lo que le esperaba. A la vuelta desinfección de patas y orificios con alcohol. Dolor.

De todas maneras, ya incorporado, movía la cola por compromiso.

-“¡Te gusta salir picarón!. Por suerte ya no tengo que ponerte bozal.

Después de hacerte castrar quedaste mucho más tranquilo, y, ¡hasta un poco gordito!. Me acuerdo antes, salías como un degenerado a olerle la cola a todas las perras que se te cruzaban, y cuando trataba de desinfectarte la trompita, me mordías. Pero ya no.

Bueno, ya está, vamos.”

Apenas salieron al corredor Batuque sonrió, al fin salía de ese lugar oscuro, húmedo, y que apestaba a vieja y guiso rancio. Ahora por lo menos respiraba aire puro.

-“¡Ay, no se ve nada!, voy a prender la luz, todavía tenemos que bajar dos pisos, y con estos charcos, me puedo caer”.

La Señora oprimió varias veces el interruptor, pero las luces, como todas las mañanas, no se encendieron.

-“Otra vez los degenerados del 103 aflojaron las lamparitas. Claro, vienen a apretar con esas putas de la esquina en la escalera, y quieren oscuridad, como si los padres no supieran, ¡asquerosos!. Quien sabe las porquerías que harán esos. Por suerte mi Batuque querido no hace esas cosas. ¡Batuque, no tires!”.

Al bajar al primer piso, al pasar frente a la puerta del 103 que está entreabierta, se detiene un momento y atisba. Ve a un hombre en el baño, sentado en el water fumando y leyendo el diario.

-“¡Asqueroso, sinvergüenza!” retumbó el grito en los corredores, “ ¡hay que cerrar la puerta cuando va al baño!, ¿no le enseñaron de chico?”

-“¡Pero dejesé de joder vieja conventillera! ¡Esta es mi casa, y en mi casa hago lo que quiero! ¿A usted no le enseñaron a no hacer la vicheta?.”

-“¡Degenerado, poligrillo inmundo, con razón los hijos andan haciendo porquerías en los corredores. De tal palo tal astilla!”.

Al escuchar lo último, el vecino se incorporó a medias, y como pudo, con el diario bajo el brazo y las manos intentando subirse los calzoncillos se iba aproximando a la puerta.

La vieja, que no mascaba vidrio, al ver ese movimiento, decidió tocar retirada, y arrastrada a medias por el perro se despidió susurrando: -“No me asombraría verlos cualquier noche en la cadena de las fuerzas conjuntas a esos degenerados. Claro, con los ejemplos que tienen a mano....”

La luz matinal se derramaba generosamente a través de las ram

as, sobre las veredas, templando a los caminantes. Los gorriones desgranaban su repetida canción. De una panadería emanaba el aroma del pan marsellés recién salido del horno.

Un camello& paró en la puerta de la panadería, y de él bajó un civil. Inmediatamente, el vehículo arrancó, dejando al pasajero con el saludo en el aire. Cabizbajo y murmurando cosas ininteligibles, el hombre entró al comercio.

-“¡No hay nadie que atienda!”, gritó el recién llegado.

-“¡Pero, ¿qué pasa Gutiérrez?!”, dijo el panadero entrando precipitadamente de la cuadra, “¿Problemas?”.

-“No negro, no pasa nada, cuestiones de trabajo. Dame medio quilo de marsellés, de ese que está calentito, y cien gramos de mortadela. ¿El pan lo hacés con harina de la buena, o tiene sorgo?”

-“Menos pregunta dios y perdona”, respondió el panadero mientras pesaba y envolvía lo pedido.

-“ Uno con cincuenta” dijo alargándole el paquete a Gutiérrez.

-“¿Cómo, el pan no es el tarifado?”, fingió asombrarse el cliente.

-“No, ese ya está frío hace rato”, contestó el panadero, “Mire, llévelo, y cuando pueda me lo paga”.

-“Me parece bien”, respondió Gutiérrez, saliendo del local con el paquete bajo el brazo, sin despedirse del panadero.

- “¡ Hijo de puta!, ”, pensó el panadero al verlo salir.

En la calle, la mente de Gutiérrez hervía.

-“¡Qué se creen, no me pueden dejar en la calle así nomás!, yo no soy un pichi cualquiera, a mi me tienen que respetar.

Yo me ensucié las manos por ellos, y ahora por un error, por una boludez...”.

Miró alrededor, no había casi nadie. En la plaza, a media cuadra, dos bichicomes revisaban unas bolsas de basura.

-“Los pichis se salvan porque son dos, pero hoy me saco las ganas con alguien.

Voy a comer a la plaza, ahí hay sol. Lástima que en la panadería no vendan vino, un tintillo no estaría mal”, seguía pensando Gutiérrez.

Llegó a un banco de la plaza, se sentó y comenzó a comer, mientras observaba como se afanaban los peones de una empresa de mudanzas en el edificio de la esquina.

El capataz de la cuadrilla estaba apurado, quería terminar cuanto antes, para almorzar, y así llegar a Maroñas antes de la tercera.

-“Si estos tipos no meten un poco más, no llego” pensaba.

-“¿Usted que opina Don Walter?” le dijo uno de los peones, “¿Le parece que si no hubiera sido por el viaje de Puebla a Guadalajara, le hubiéramos ganado a Brasil?”.

-“Mirá, esas son boludeces del Dalton. Salimos cuartos, somos un desastre.

Métanle con el piano y dejensé de parlotear, cotorras.”

-“Seguro, vos estás apurado porque no tenés que meter lomo”, pensaba uno de los peones mientras trataba de balancear el peso de la mole, que ya estaba a medio camino de su destino en el piso diez.

-“¿Vió que pinta de tira que tiene el tipo que está en el banco de la plaza?”, le preguntó a Walter otro de los peones.

-“Mirá, vos no te preocupes por eso y laburá, sino vas a terminar requechando basura con esos bichicomes. Dale, meté”.

....Lo que más bronca me da

es haber sido tan gil.

Si hace un mes me desayuno

con lo que he sabido ayer.....

La voz de Gardel llenó el aire de la cabina del camión, como siempre a las horas pares. Desde allí, el conductor no escuchaba la conversación de uno de sus muchachos con el panadero.

-“Buen día Vicente, ¿Cuánto le dejo?”

-“Dejame seis casilleros de leche y ocho botellitas de yogur de frutilla”.

-“¿Nada más?”.

-“ Si, dejame dos de crema doble de un cuarto, y veinte paquetes de manteca de 50 gramos.

¡Ah, me olvidaba!, ayer de tarde estuvo la señora del 3684, dice que les dejó en la puerta los envases y el dinero, y no le dejaron la leche”.

-“No sé, viste que ahora los muchachos las roban, se quedan con la plata y venden los envases.”

- “Puede ser, ¿Es verdad que van a dejar las botellas y van a envasar en bolsas de nylon?”

- “No sé. Basta de charla, tengo que seguir, sino el Aníbal se va a calentar,” dijo el muchacho mirando de reojo al chofer.

....¡Chorra!,

vos, tu vieja y tu papá,

¡guarda!

Cuidensé porque anda suelta....

-“!Beto, bajá lo que pidió el señor y vamos!”.

Apenas éste terminó de bajar el pedido, el chofer le dio arranque al motor y el ruido hizo desaparecer al Mago .

El tira seguía comiendo en el banco, y aburrido de mirar la mudanza, comenzó a mirar en derredor, apareciendo dentro de su campo visual la figura de Doña Bittencourt, que a los tirones lograba dirigir a su perro por la vereda de enfrente.

De pronto se interesó por lo que veía

Veinticuatro horas seguidas de trabajo llevaba el oficial Benítez .

-“No es poco, pero a veces hay que hacerlo”, pensaba al salir de la comisaría, “ahora a dormir un poco, y de tarde a vigilar las maniobras de los helicópteros en Pocitos”.

-“Voy a comprar unos bizcochos y yogur en la panadería de Vicente. Espero que termine rápido con el camión”

Gutiérrez se interesaba cada vez más en la Sra. y su perro.

-“Está sola. Una vieja. El perro es chico, con una patada lo anulo. No hay testigos a la vista. Los de la mudanza están muy ocupados, si soy rápido no se dan cuenta. No pierdo nada, Bueno, están los bichicomes, pero esos no cuentan. ´Ma sí, yo se la doy “.

Mientras susurraba esto, se levantó y comenzó a caminar al encuentro de la Señora tanteando la sevillana en el bolsillo de su sobretodo.

Esperó que pasara un solitario auto, y se lanzó a cruzar la calle.

Al oficial le llamó la atención el movimiento del hombre hacia la señora y llevó la mano a su arma. Como era medio torpe tardó algún segundo de más en desenfundar.

Gutiérrez llegó hasta la señora y sin mediar palabra sacó la sevillana, desnudó la hoja y pateó al perro en las costillas.

Batuque chilló y salió corriendo hacia la plaza. En su huida hizo perder el equilibrio a la Señora, que cayó al piso con un crujido extraño.

-“Mierda”, pensó, “me quebré.”

El tira miró desde arriba a la vieja, que pataleaba indefensa en el suelo.

-“Chau viejita”, le susurró al oído, antes del primer navajazo.

- “¡Asesino, Asesino “ gritaba la vieja mientras era apuñalada

- “Asesino, la puta que te parió” masculló Gutiérrez para sí, mientras hundía una y otra vez la hoja de la sevillana en el cuerpo de la Sra. Bittencourt.

Limpió la sangre que manchaba su sevillana en el abrigo sucio de la anciana y cuando se disponía a irse fue alcanzado en la cabeza por la bala.

- “Mala suerte pendejo”, pensó el oficial Benítez al apretar dos veces seguidas el gatillo de su arma de reglamento. (Dos balas consecutivas dirigidas al mismo punto aumentan el daño y aseguran el disparo). Benítez parado en el medio de la calle no vió al camión lechero.

- “Salí animal”, vociferó el camionero que no pudo evitar aplastar al oficial y que al frenar bruscamente salió despedido a través del parabrisas.

- “ ¡Uy, se cae!”, se sorprendió el peón de la mudanza al sentirse arrastrado por el piano que estaba subiendo al décimo piso . Segundos después, ambos impactaron sobre el desvanecido camionero, diez pisos más abajo.

- “Mejor nos vamos che”, dijo un bichicome al otro, "en dos minutos esto va a hervir de milicos, y por ahí terminamos adentro.”

- “Tenés razón", dijo el otro, "vamos para Kibon, creo que hoy de tarde hay maniobras, va a haber helicópteros y seguro que va a ir mucha gente.”

- “Claro,” respondió el primero, “donde haya amuche puede haber ventaja. Vamos”

- “Si, vamos, espero que no pase nada. Con esto me alcanzó por hoy”

- “Bueno, tomá medio refuerzo de mortadela, el resto se lo damos al perro de la vieja, me parece que tiene hambre”.

Los vagabundos se alejaron de la escena , seguidos por Batuque, mientras la mañana se iba llenando de sirenas

Enildo caminaba distraído, no le costaba mucho cuidar las cuatro holandesas del abuelo que, acostumbradas al trillo iban solas a pastar luego del ordeñe de la mañana. El único lugar peligroso era la ruta 11, pero entre semana el tránsito es más tranquilo.

Al acercarse a la ruta, se adelantó , miró a los dos lados y no vió nada.

-"¡Mariposa, Primavera! ¡Julita, Rosa, vamos!", animó a los rumiantes que con paso tranquilo cruzaron la ruta y se internaron en el monte de eucaliptos que rodea a la Colonia Etchepare.

A pesar de lo temprano que era, el sol ya había comenzado a calentar, y junto a la humedad que subía desde la tierra tornaba el ambiente sofocante. Eso, unido a la abundancia de mosquitos hambrientos, cosa desusada para el mes de Setiembre, hizo que el joven apurara el paso, dejando atrás a las vacas, y llegara antes al terreno baldío donde los animales pastaban todos los días.

-"¿Qué hace ese tipo tirado ahí?" se preguntó al tiempo que se acercaba al bulto inmóvil.

El ya había escuchado los rumores sobre los muertos que estaban apareciendo cerca de la colonia, y por eso no se sorprendió.

Tocó la espalda del hombre con una rama, y no hubo respuesta.

Dio vuelta el cuerpo, que estaba boca abajo, y constató que era cadáver. Revisó su boca en busca de dientes de oro, pero nada encontró.

Buscó en los bolsillos de los harapos que vestían al hombre, y nada encontró. Solamente un recorte de diario y una jugada del 5 de oro que se puso en el bolsillo.

-"Pichi mugriento, ni muerto servís para algo" murmuró al inanimado.

La mole de acero inoxidable aceleraba resplandeciente, rumbo a Santa Lucía.

-"¡Metele Jorgito, que no llegás!" pensaba el conductor del camión cisterna.

Se había retrasado algo en la recolección en los tambos, y tenía que apurarse para llegar a tiempo a la usina.

Pasando el peaje nuevo, aceleró, y estabilizó la velocidad algo por encima del máximo permitido.

A Enildo le pareció que el muerto comenzaba a heder

-"Aunque sea temprano, y no hayan comido casi nada, me voy a llevar las vacas", pensó "no sea cosa que se les pudra la leche."

-"¡Mariposa, Primavera! ¡Julita, Rosa, vamos!", apuró a las vacas que, un tanto sorprendidas por la repentina marcha atrás, quedaron inmóviles.

-"¡Vamos carajo!", gritó, y con la ayuda de una vara, azuzó a los animales, poniéndolos en camino nuevamente a través del monte.

-"Papelitos nada más, viejo roñoso.", rumiaba. "Muerto de hambre. A ver la jugada

-¿Qué será? .

-"Es para el Domingo que viene, los números son:13, 27, 32, 01, 02.

Que números feos, parecen letras. Además, no le dio ni para la revancha"

En el camino sacó el recorte de su bolsillo, y antes de llegar a la ruta comenzó a leerlo. Era del mes de Noviembre de 1971, y decía:

"LO QUE EN UN PRINCIPIO ERA UNA FIESTA POPULAR, SE TRANSFORMÓ EN UN INFIERNO , CON UN SALDO TREMENDO QUE JAMÁS PODRÁ OLVIDARSE.""Ocurrió en Pocitos, frente al parador Kibon. Un helicóptero de la Armada se precipitó a tierra chocando con otro similar que maniobraba para despegar.Los aparatos cayeron sobre la gente, y el horror, la desesperación y el pánico se apoderaron de la escena.Los primeros informes hablan de decenas de muert..."

-"¡Las Vacas!", gritó el conductor del camión, que, en una maniobra extrema para evitarlas derrapó y arrastró a Enildo, -que venía retrasado- bajo las ruedas.

Al caer, Enildo soltó los papeles, y el viento se los llevó.

"Y aquí tenemos los números ganadores del 5 de oro.

Son: 13, 27, 32, 01, 02. Y según nos dice el escribano, corresponden a un solo jugador. Fue vendido en el departamento de San José.

Bueno , al afortunado ganador lo esperamos el Miércoles que viene, y recuerde:

¡Si no Juega, no gana!"

Emisión del 5 de oro del Domingo siguiente al accidente


& Vehículo de color verde utilizado por las Fuerzas Armadas a principios de los 70

2 comentarios:

EmmaPeel dijo...

bien por la vuelta, Warren

el-warren dijo...

bárbaro,gracias, ahora lea la entrada