sábado, abril 28, 2007

Cuesta creer

que exista un dios en este mundo.

Me acabo de enterar, con bronca y coraje que ha muerto Madison Cardozo; a quien tanto yo quería.
Madison y su hermano Numa, el conocidísimo alpinista oriental, eran habitués desde siempre de nuestra rueda en el boliche "La Gaditana", en el centro del montevideanísimo barrio de Villa Colón.
Hijo de una humilde familia liderada por su padre Hildebrando, afanoso labriego que obtenía rendimientos insólitos de sus 0.5 Há de tierra de laboreo.
A causa de ese desmedido afán es que marchó preso, víctima de difamaciones.

Así fué como a la tierna edad de cuarenta años, Madison pasó a ser el jefe del hogar.
Tuvo por ello que abandonar sus estudios, no pudiendo terminar la escuela primaria.
Su falta de preparación teórica lo destinó a los peores trabajos, a los que inevitablemente, y sin una queja, renunciaba.

Pero esto no refleja la verdadera esencia de Madison.
Un espíritu inquieto e inocente, ávido de los conocimientos que cada vez con mayor velocidad se esparcen sobre la superficie terrestre.
Iconoclasta y enemigo de la rutina, evitaba los estudios regulares por lo que no avanzó en la carrera académica.
Aún así su talento y sapiencia brillaban en nuestra rueda, a tal punto que, intrigado por aquel personaje, el Dr. Bernárdez; médico de la zona, más de una vez se arrimó a nuestras discusiones, encandilado por los conceptos vertidos por este fenómeno.

Así fue que conquistó a Margarita su novia de siempre. A pura verba.
Margarita . La más fea de las Villalonga, cinco solteronas siempre a la espera de un candidato.
Hoy Margarita va de luto, más nunca fue su mujer.
Los unió siempre un amor fraterno y una mutua admiración.
Lógica si pensamos en Madison. Inexplicable en el caso de la joven.

La enfermedad que bajó a tierra al etéreo espiritu de Cardozo y que ha transido al barrio viene de lejos y está determinada por su voracidad lectora.

No había libro en venta en la feria vecinal que no hubiera leído. Todas las semanas concurría a librerías de viejo y trocaba quince, veinte volúmenes. Ficción, Politica, Filosofía, Ciencias; todo transcurría velozmente bajo sus ojos y era automáticamente registrado en su cerebro como verdadero.
El nudo del problema radicaba en que Madison era bastante acaparador pero desordenado. En un día podía leer tres tratados de fisiología de diferentes autores y fecha de edición.

Ahí comenzó la duda.
Y con la duda la posibilidad de caer en desgracia ante sus contertulios
Al principio trató de utilizar los conocimientos del Dr Bernárdez para validar sus asertos.
Esto duró poco poque el Dr. además de mal médico era bastante burro.
Optó por emigrar de nuestro querido boliche a su archirrival de todas las horas: el Bar y Copetín al Paso "Las Pindongas", situado en la vereda de en frente.

Un día Madison se iluminó, se le borraron las arrugas de su ceño y -lo juro-, un halo circundó su testa por breves instantes.
Musitó: "Verde es Verdadero"
Desde ese momento solo leyo libros de tapa verde, y todo lo que leía era LA VERDAD.
Se acabó el dudar.
Exigió al gallego que le sirviera ajenjo en lugar de la vulgar grappa que consumía siempre.
El artero barista, imposibilitado de conseguir la fabulosa bebida le servía alcohol rectificado con clorofila.
Como Madison desconocía el Absinthe, lo aceptó sin restricciones.
Su noble hígado aguantaba los golpes.

Al tiempo comenzaron síntomas de diversas enfermedades.
No había médico en la zona, ya que Bernardez se había jubilado. En el charré de Enildo lo teníamos que trasladar al Paso Molino.
Allí el Dr. Iñiguiz, (una eminencia), le recetaba las preparaciones correspondientes.

El problema surgía a la vuelta, en la farmacia.
El boticario Adalberto Galíndez, otrora infranqueable goalkeaper, le entregaba los medicamentos, mas Madison se encaprichó en tomar solo aquellos que vinieran presentados en caja verde.

El otrora infranqueable cedió y comenzó a suministrarle a nuestro amigo los remedios que venían en verde.
Así, poco a poco, lentamente, se fue apagando la flama de Madison.

Su fin no me resultó sorpresivo, más esta mezcla de frustración y sorda rabia que me corroe hasta los huesos, no me abandonará fácilmente.

Adiós Madison Cardozo. Adiós al amigo!

PD: Un saludo a nuestro común amigo: Elber Gazzinari, quien seguramente estará dialogando con Madison

7 comentarios:

elber dijo...

Desde que cerraron el Limbo, a Madison no lo vi más. Es posible que lo hayan derivado al infierno. Es que, como varón de su época, tuvo dos mujeres y dos familias. Con su primera esposa no tuvo descendencia. Con la segunda tuvo a Barret Puig.

el-warren dijo...

Rxtraño, pues no se le conocía en el barrio mujer alguna salvo Margarita.
Pero viendo bien a este muchacho Barret, tiene las mismas manitos que Madison

elber dijo...

Las mismas manitos y la misma carita.

Margarita era la oficial, una mujer desgraciada que nunca hizo feliz a nadie. La extraoficial se llamaba Loreley y trabajaba limpiando las caballerizas del cuartel La Tablada, una santa realmente, una gran mujer que no pasó a la historia, como tantas.

Otra gran etiqueta, warren. Lo postulo para etiquetólogo revelación.

Irina dijo...

moción apoyada.

irina

EmmaPeel dijo...

gran historia, mejor etiqueta

El nombre Loreley es para olvidar la verdad

Von dijo...

Que magnifica reseña. La Gaditana! Nombre que también ha tomado cierta panadería céntrica. En cuanto al deceso... no somos nada. Resignación.

al-warren dijo...

Loreley Perez Mondino. Indeleble. La recuerdo, adolescente aún, con una retaguardia tan contundente que hacía repensar las convicciones al más puritano. Y su madre Ámbar Mondino Viera, aburrida y generosa ama de casa de cuyas aún adnirables intimidades aupieron disfrutar casi todos los repartidores de la zona.
Su marido, el marinero Amílcar Pérez estaba casi siempre audente debido a su profesióm nanval
Ah...