lunes, octubre 17, 2005

In the harbour

Ahora sí. Debíamos salir rumbo a Libreville casi sin escalas.
No tenía dudas en la capacidad de la Hummer en atravesar la selva.
Salimos a las 9:00 desde algún lugar de Niger. Todo nuestro trayecto fue acompañado de lejanos Tam-tams que anunciaban nuestra presencia.
En un pueblo que paramos por agua quisieron coronar a Al como rey, pero ví que había un volcán pronto a erupcionar en las cercanías y me pareció más prudente rajar.
El sonido de los tambores era generalmemente ocultado por el discman de la Hummer.
Eleonora se nombró disc-jocketta y no dejó de pasar éxitos del pop francés de los años 60.
Algunos añorábamos ya los tambores.
Mobila nos fué de gran utilidad como se suponía. Conocía cada rincón, nos indicaba el camino correcto en cada bifurcación, y si eso fuera poco nos cazaba los insectos , raíces y orugas con los que nos alimentamos hasta que llegamos a destino.
En una ocasión quise cazar un rinoceronte no muy grande, y cazarlo a su manera, es decir a cabezazos.
Me dejó por el piso con la primera embestida, y si no fuera por la placa metálica que tengo en la cabeza, me hubiera perforado el cráneo. A partir de allí me conformé con las orugas.

Al llegar finalmente a la ciudad de Libreville, me fueron muy útiles mis estudios de Sociología. Pude de un vistazo determinar que la sociedad se divide étnicamente en dos grupos. Un 60% aproximadamente de negros y el resto de muy negros.
Hay un ínfimo porcentaje de blancos, hindúes y malayos que no cambian el paisaje urbano.
Es llamativo eso sí que todos los mini markets son propiedad de coreanos.

Llegamos al puerto a las 17:00 hs, justo media hora antes de la prevista para el embarque. Puerto es un decir, ya que se trata de un precario embarcadero soportado por palafitos.
Nos encontramos nada menos que con López Mena, el propietario de Buquebús que repartía caramelos de café entre los promitentes viajeros mientras anunciaba 24 horas de retraso en la partida.

Pasmosamente entre los otros pasajeros nos encontramos con los Xmen, que esperaban también el transporte interoceánico para conocer Uruguay y fundar una Universidad en Punta del Este conjuntamente con el CLAEH.

Al rato nos distribuyeron en unas chozas mientras llegaba la cena.
Al,le sacaba el bulto a Eleonora, que por más que lo buscaba no lograba una respuesta acorde.
Mi brillante hermano tenía la mente puesta en Titania. Y debo decir que a ésta él no le era indiferente.
Sabiendo de antemano de los poderes de la superheroína, Al ya estaba calculando como solucionar el problema. Como primera cosa mandó a a Mobila a comprar 3 pares de mangueras de radiador.
Luego de que éste se las trajera les hizo soldar una punta. Iba bien

Durante la cena me dediqué a conversar con el profesor Xavier. Estábamos igualados, ya que luego de mi lucha con el rino también andaba en silla de ruedas.

Grinsaíno departía mansamente con la dotora Jean Grey (nada mal), bajo las miradas asesinas de Guepardo y el gilazo de Cíclope

Luego de la cena y antes de retirarnos a nuestras chozas Al fue al puerto y se hizo envolver en el termocontraíble que envuelven las valijas, dejando apenas algunos orificios libres. Después de eso, y aunque algo rígido, agarró las mangueras y se dirigió a la choza de Titania . La puerta se abrió y cerró en un santiamén.

Yo no me acosté. Permanecí mirando el paisaje de la costa. Trataba de adivinar que nos esperaba del otro lado del Atlántico.
Eleonora me anduvo rondando un rato. Me daba conversación.
Pero no estaba interesado. Además impedido.
Convencida que nada iba a lograr, se vistió de gala y se fue al casino. Tras de sí llevaba, atado con una correa a Grinsaíno

Pocos minutos después la choza de Titania se transformó en una fuente de gemidos y alaridos que duró hasta el amanecer. Todo esto acompañado de luces malas y bombas brasileras. El techo de la choza voló destrozado, y una fortísima luz azulada tornaba la noche en día. Evidentemente la estaban pasando bien.

A la media mañana apareció lo que iba a ser nuestro transporte transoceánico. Un viejo alíscafo en el cual hubiera dudado viajar desde Colonia buenos Aires. Era lo único que había.
Le Reclamé a López Mena (que seguía repartiendo caramelos) y me dijo que era una línea que no redituaba mucho y que no podía gastar en una máquina decente.
Por lo menos le arranqué la promesa de que el transporte de la Hummer, aunque fuera en barco, iba por cuenta suya, así como los gastos e internación.
Y así al mediodía, uno por uno subimos los gastados escalones de la escalerilla para dirigirnos al mejor país del mundo: Uruguay
Al (ya sin envolturas) y Titania de la mano.
Los demás subieron de a uno. Cuando quisimos acordar los únicos que quedábamos en el puerto eramos el profesor Xavier, Mobila y Yo.
Mobila llamó a unos changadores y por unos centavos nos subieron a nosotros y a las sillas a bordo del alíscafo.
Los motores se encendieron. En una pantalla comenzaron a pasar La Revista Estelar con Humberto de Vargas joven. El primer clip que pasaron fue un éxito de Azúcar Moreno.
Desde el raquítico muelle Mobila saludaba con la mano.
Pasadas las dos horas y viendo que nuestra velocidad de traslación era muy baja se encogió de hombros, dió media vuelta, y se fue.

En el Puerto



Now yes. We had to almost leave course to Libreville without scales.
It did not have doubts in the capacity of the Hummer in crossing the forest.
We left to 9:00 from some place of Niger. All our distant passage was accompanied by Tam-tams that announced our presence.
In a town which we stopped by water wanted to crown to A like king, but ví who was a volcano soon to erupcionar in the neighborhoods and it seemed more prudent to me to crack.
The sound of the drums was generalmemente hidden by discman of the Hummer. Eleonora named disc-jocketta and it did not let pass successes of the pop French of years 60. Some we longed for the drums already.
Mobila us fué very useful as one assumed. It knew each corner, it indicated the correct way to us in each bifurcation, and if that outside little hunted the insects, roots and caterpillars to us with which we fed ourselves until we arrived at destiny.
In an occasion I wanted to hunt a rhino not very great, and to hunt it to its way, is to say to blows on the head. It left me by the floor with the first attack, and if not outside by the metallic plate which I have in the head, the skull had perforated me.
From I was satisfied there to the caterpillars.
When arriving finally at the city of Libreville, my studies of Sociology were to me very useful. I could of a look determine that the society divides itself ethnically in two groups. A 60% approximately of black and the rest of very black. There is a very small percentage of targets, Hindu and Malayan that do not change the urban landscape.
That is showy yes that all mini markets is property of Korean.
We arrived at the port to 17:00 hs, just half an hour before the anticipated one for the boarding. Port is to say, since it is a precarious wharf supported by palafitos.
We were nothing than with Lopez Mena less, the proprietor of Buquebús that distributed caramels of coffee between the travelling promitentes while it announced 24 hours of delay in the game.
Amazingly between the other passengers we were with the Xmen, that they also hoped the interoceanic transport to know Uruguay and to jointly found a University on End of the East with the CLAEH.
In the short while they distributed to us in huts while the supper arrived.
To, it removed the bulk to him to Eleonora, that no matter how hard it looked for it did not obtain an agreed answer.
My shining brother had the mind put in Titania. And I must say that to this one he he was not to him indifferent. Knowing beforehand of the powers of the superheroin, To already it was calculating like solving the problem. As first thing commanded to a Mobila to buy 3 pairs of radiator hoses. After which this one was engaged in them made weld an end them. It went well During the supper I dedicated myself to talk with professor Xavier. We were even, since after my fight with the rino also it walked in wheelchair.
Grinsaíno tamely conversed with the dotora Jean Congregation (nothing badly), under the killer glances of Guepardo and gilazo of Cyclop
After the supper and before retiring to nuesras huts to us To it went to the port and it was made surround in the termocontraíble that surround the valises, leaving hardly some free oriicios. After that, and although something rigid, it took hold hoses and one went to the hut of Titania. The door was opened and closed in santiamén.
I did not lie down. I remained watching the landscape of the coast. It tried to guess that it hoped to us across of the Atlantic. Eleonora walked to me making the rounds awhile. It gave conversation me. But it was not interested. In addition prevented.
Convinced that nothing was going to obtain, one got dressed in full dress and one went to the casino. Behind himself it took, tied with a strap to Grinsaíno
Few minutes later the hut of Titania was transformed into a source of moaned and howls that lasted until the dawn.
All this accompanied by bad lights and Brazilian pumps. The ceiling of the hut flew destroyed, and one fortísima bluish light returned the night in day.
Evidently they were passing it well.
To mid-morning it appeared what was going to be our transoceanic transport. Old alíscafo in which it had doubted to travel from Buenos Aires Colony.
He was the unique thing that was. I protested to him to Lopez Mena (who continued distributing caramels) and she said to me that it was a line that redituaba and that could not much spend in a decent machine.
To at least I took the promise of which the transport of the Hummer, although outside in boat, went by account hers, as well as the expenses and internment him.
And thus at noon, one by one we raised the spent steps of the stairway to go to the best country of the world: Uruguay
To (already without envelopes) and the Titania of the hand. The others raised of a one. When we wanted to decide the only ones that we were left in the port eramos professor Xavier, Mobila and I.
Mobila called to porters and by cents they on board raised us us and the chairs of alíscafo.
The motors ignited. In a screen they began to make the Stellar Review with Humberto de young Vargas. The first paper clip that happened was a Brown Sugar success. From the rickety Mobila wharf it saluted with the hand. Spent the two hours and seeing that our speed of transfering was very low it shrank of shoulders, it gave average return, and one went away.







2 comentarios:

Jhonny dijo...

¿Anda en silla de ruedas? ¿Es eléctrica por lo menos? Las hay que vienen hasta con aerosoles paralizantes, lindo para tanto personaje que se encuentra. Saludos a Jean Grey, la recuerdo afectuosamente.

el-warren dijo...

Gracis Jhonny por su preocupación.
Espero que lo de la silla de ruedas sea temporal.
La compramos acá en África. Es de madera y tracción a sangre.
Jean dice que lo recuerda con ternura