jueves, septiembre 14, 2006

Fumando Espero



Por suerte, mientras espero a mi ahijada, no me falta el entretenimiento.
Todos los diarios y semanarios uruguayos llegan aquí con envidiable puntualidad.
En uno de ellos, leí esta interesante historia de vida.


Inaudito!! Pretendía ser Gay para poder representar al Uruguay en un Mundial de Fútbol.

Nunca fue fácil la vida para Anselmo Merioldo.
Nacido en Puntas del Yaguareté, departamento de Treinta y tres en 1976, su único sueño era defender la enseña celeste en un mundial de fútbol.

Su carrera comenzó temprano en el Baby fútbol donde no logró destacarse.
Luego siguió un largo peregrinar por pequeñas instituciones deportivas departamentales que lo vieron calentando banco las más de las veces.

Finalmente se decidió a dar el salto a la capital donde se probó en un sinnúmero de clubes, siendo rechazado en todos ellos.

Hoy, con 30 años, su vida de futbolista se desvanecía.
Hasta que llegó la esperanza.
Un conocido le comentó que había visto un llamado a aspirantes para la Selección Uruguaya de Fútbol que se comenzaba a preparar para el Mundial Gay.

Ni corto ni perezoso Merioldo se presentó a los entrenamientos, siendo aceptado y logrando la titularidad como lateral izquierdo.

Un Sueño que se torna pesadilla
Merioldo aparecía a los ojos de sus compañeros como un tipo tímido y reservado, no salía nunca con ellos y mantenía su vida privada aparte.
Logró simular su opción sexual durante meses. Hasta que todo terminó.

El 29 de Agosto del presente año y dentro de la campaña preparatoria, la selección gay jugó contra el club Bergantiños (categoría veteranos).
Su record era perfecto: 6 partidos jugados, 6 partidos perdidos

El encuentro finalizó con el resultado de uno a cero a favor del equipo celeste y el gol fue aportado justamente por Anselmo. Más precisamente a los 87´ del partido

La gota que colmó el vaso
Como es de suponer, apenas culminó el encuentro, el jolgorio hizo furor en el seleccionado.
Anselmo tuvo que soportar abrazos besos , toqueteos y ainda mais, hasta que logró desandar el camino al vestuario.
No sabía que allí lo esperaba lo peor.

Al son de “I Will Survive”, todo el resto del equipo, ya completamente en pelota lo esperaba haciendo una maquiavélica farándula.
- Basta, no puedo más ¡!, dicen que gritó Anselmo ante la atónita mirada de sus compañeros.

Alguien apagó el radiograbador.

- No soy puto! Yo sólo quería jugar al fóbal! confesó entre sollozos.

Callaron los hombres. Cayeron los miembros.
Más de uno quiso darle un abrazo. Otorgarle un consuelo; pero la férrea mirada de Edilson Boffarte, el rudo capitán charrúa lo impidió.

Así; en un silencio sólo interrumpido por sus propios sollozos Anselmo se despidió de su sueño.

Encima a la salida, le esperaba la sórdida befa de los intolerantes de siempre, que al grito de :
“Rajá de acá trolazo!!”, lo cagaron a naranjazos antes de que pudiera alcanzar el 175.

8 comentarios:

Robertö dijo...

No se me habría ocurrido. Es como un pasaporte fácil al sueño mundialista.
Pero tengo la sospecha que luego de este incidente, el rudo Bofarte le va a tomar una pruebita a los aspirantes.

elber dijo...

Bueno, sabía de tipos que la iban de gays para ganarse minas, pero esto lo supera ampliamente aunque no haya funcionado. Veo que la viveza criolla tiene sus patas cortas aquí también. Lo felicito por la concisión del relato, la agilidad y un gran final.

el-warren dijo...

Robertö Dice Bofarte que no, que vaya sin miedo nomás

Elber: Muchas gracias

Von dijo...

¿Quien fue aquel que se mandó hacer una revisación de esfinter para demostrar que no era homosexual?

Anónimo dijo...

Hoy mientras trabajaba me acordaba de Boffarte y me cagaba de risa solo. Gracias por la creación Warren.

Von: fue el de las selecciones juveniles que estuvo vinculado al balazo que le pegaron a Gabito Acevedo. No me sale el nombre.

Robertö dijo...

por que me puso anonimo?

Irina dijo...

Creo recordar que era uno de los hermanos Spillman (no sé si va con doble l). Siempre me pareció muy graciosa la cuestión del cartabón como prueba de homosexualidad y su nombre se volvió inolvidable. ¿O no era?.
Irina

Robertö dijo...

en efecto