martes, julio 19, 2005

La Vida de mi Padre II


Se encontraba pues mi padre en una situación extremadamente difícil.

Su herencia genética no era mala. De su raza paterna había heredado: la piel blanca, los ojos celestes, pelo rubio, rasgos regulares. También una rápida comprensión de los problemas y su resolución. De la materna un dentadura perfecta, una altura por encima del promedio de la época, un andar llamativo, y unos atributos masculinos que, si bien no portentosos, eran por lo menos muy interesantes. A esto se le agregaba la natural libido exacerbada propia de la raza africana.

Con estas fortalezas y debilidades había mi padre lidiado con relativo éxito hasta entonces.

Satisfechas sus modestas necesidades materiales por los aportes familiares, las espirituales las obtenía de los favores de las jóvenes y no tan jóvenes de la zona que, sin remilgos se entregaban a una mutua experiencia reconfortante bajo la más ascética discreción.

Todas sus armas parecían ahora insuficientes para la tarea que le esperaba. Parecía un desafío superior a sus fuerzas.

No era su idea terminar como jornalero.

Papá siempre sostuvo lo siguiente: “ si yo puedo contar la cantidad de dinero que llevo a casa cada semana, pues entonces no he llegado a nada”

Las noticias, que como en todo lugar pequeño, vuelan, llegaron prontamente al despacho del magnánimo pero severo gerente general de la compañía ferroviaria. Mr. Thomas Easton.

“No podemos quedarnos cruzados de brazos ante la destrucción que han provocado estos herejes ácratas. La compañía debe dar una mano a éstos pobres huérfanos”, dicen que dijo.

Mi padre fue mandado llamar a la oficina personal de Easton (una puerta que pocos cruzaban) y allí conversaron sobre la situación.

Al salir Keith Emerson Warren Wilkins había obtenido el compromiso de la empresa por el cual la misma se haría cargo de su hermano enfermo en un lugar decente, y le giraría una discreta suma de dinero para que se instalara en otro lugar y pudiera comenzar una nueva vida.

Casi al final de la conversación el gerente deslizó algo acerca de la vocación religiosa. Mi padre ni corto ni perezoso le respondió que desde niño había escuchado el llamado de Dios, mas nunca había logrado hallar un camino hacia él salvo durante los servicios dominicales (a los cuales invariablemente faltaba).

Sorprendentemente, Mr. Easton era católico y no anglicano.

A la semana recibió una carta de la curia montevideana donde le comunicaban que su solicitud para comenzar los estudios religiosos había sido aceptada, y que debía presentarse el Lunes para comenzar su instrucción.

Comenzaba otra etapa en su vida.

The Life of my Father II

Was then my father in an extremely difficult situation.
Its genetic inheritance was not bad.
Of his paternal race it had inherited: the white skin, the celestial eyes, blond hair, regular characteristics. Also a fast understanding of the problems and its resolution.
Of maternal a perfect set of teeth, a masculine height over the average of the time, to walk showy, and masculine attributes that, although nonportentosos, were at least very interesting. To this the natural own exacerbada libido of the African race was added to him.
With these strengths and weaknesses there was my father fought with relative success until then.
Satisfied their modest material necessities by the familiar contributions, the spiritual ones obtained them from the favors of the young and not so young women of the zone that, without remilgos was given to a mutual reconfortante experience under ascética discretion.
All their arms seemed insufficient now for the task that hoped to him. It seemed a challenge superior to his forces.
It was not his idea to finish like day laborer.
Papa always maintained the following thing: "if I can count the amount of money that I have been to house every week, because then I have not arrived at anything"
the news, that like in all small place, they fly, they arrived quickly at the office of the magnanimous but severe general manager of the railway company. Mr. Thomas Easton. "we cannot remain crossed of arms before the destruction that have caused these herejes anarchist. The company must give a hand to these orphaned poor men ", say that it said.
My father was sent to call there to the personal office of Easton (a door that few crossed) and talked on the situation.
When leaving Keith Emerson Warren Wilkins had obtained the commitment of the company by which the same one would become position of its ill brother in a decent place, and it would turn a discreet sum to him of money so that it settled in another place and it could begin a new life.
At the end of the conversation the manager almost slid something about the religious vocation. My father without thinking twice responded to him that from boy he had listened to the call of God, but never had managed to find a way towards safe him during the dominical services (to which invariably he lacked).
Surprising, Mr. Easton was catholic and nonAnglican.
To the week he received a letter of the montevideana bar where they communicated to him that its request to begin the religious studies had been accepted, and that had to appear Monday to begin their instruction.
Another stage in its life began.

1 comentario:

Tomás Eastman dijo...

tante grazie a te bella ragazza!